¿Cómo hablan las juventudes emprendedoras de Oaxaca?

David

1 / Nov / 2019

«Claridad en la mente y creatividad para lograr una comunicación exitosa»

La primera vez que mi amiga Martha Martínez de Bordados Cisne me invitó a un desayuno en relevante y periódica reunión del empresariado oaxaqueño, me llevé una gratísima impresión: conocer plato a plato y dentro de un mismo salón de eventos, a la mayoría de las direcciones generales, administraciones y publicistas de las más importantes empresas en el estado. Dada la labor de investigación que realizo día a día por la naturaleza de mi empresa, nuestro estudiantado tiene que conocer de primera fuente y con actualización, quiénes son las personas que tienen en sus manos la dirección y las riendas de las principales empresas en Oaxaca y por supuesto, en la medida de las posibilidades, indagar sobre su pasado, conocer dónde se formaron académicamente, qué artículos han publicado, qué obras filantrópicas realizan, qué impronta dejan cotidianamente en la sociedad. No solo para emular su emprendimiento y sagacidad a la hora de ejecutar negocios, sino para aspirar a transformarse en personas íntegras, cuya capacidad para emprender, tenga también un alto compromiso social.

Por estos motivos, ya reconocía y conocía la mayoría de nombres y apellidos con los cuales compartía la mañana, la gran sorpresa: muy buena parte de las personas que estaban ahí, al momento de aprovechar los pocos segundos que te dan para exponer la misión y la visión de tu empresa, carecían de los elementos fundamentales para exponer con claridad, con eficiencia, con la astucia que exige vender, con la creatividad en la punta de la lengua para convertirse en más de lo que ya son: empresarios y empresarias cuya habilidad para comunicar, sea naturalmente eficiente.

En Oaxaca, únicamente las licenciaturas enfocadas en las ciencias sociales y en las humanidades, imparten en sus primeros semestres, módulos asignaturas sobre argumentación, oralidad o expresión oral, -rehúyen drásticamente de la palabra oratoria, aunque su clase termine varada ahí-, y esto preocupa. Una de las cualidades de toda persona que emprende, es comunicar, hablar, ofrecer un discurso, presentarse sin dificultades, resolver los problemas, confrontar las crisis que todos los días, sin excepción, la persona joven que emprende tiene que enfrentar: clientes no satisfechos, usuarios difíciles, créditos vencidos, errores que suelen ser caóticos, mas no que signifiquen destino. Por eso es complicado que en la facultad de medicina de cualquier universidad, pública o privada, se halle un taller de oratoria que promueva desde las bases, estudiantes del área de ciencias de la salud, que aspiren a edificar sus propios consultorios o clínicas integrales, antes que buscar vorazmente una plaza en gobierno, por eso preocupa el prejuicio que contamina cualquier ingeniería: no saben hablar, no saben redactar una carta para ganar una licitación y así quedarse con ese proyecto que catapultará a su empresa y a sus empleados al éxito, no se diga que en público y de manera oral, defienda con absoluto profesionalismo el proyecto que le haga ganar la licitación. O para cualquier estudiante de diseño gráfico: no saber cómo improvisar cuando se le cuestiona un portafolio, no poder entablar de manera clara, el desarrollo de una estrategia de márquetin. Es una crisis.

La solución radica en los esfuerzos del mismo empresariado oaxaqueño y la sinergia que hagan junto con el Estado, para capacitar con eficiencia a las juventudes para hablar, para exponer, para presentarse y presentar su proyecto de emprendimiento que ayude a Oaxaca a prosperar. No bastan las ferias, no bastan los premios, no son suficientes los foros, hasta que, como en el primer Telebachillerato de San Agustín Etla apenas inaugurado y que están vendiendo productos orgánicos con materia prima originada en su propio pueblo y comercializada con un proyecto de negocio bien regulado, se capacite a todos los estudiantes de Oaxaca a convivir con el entorno, ubicar las necesidades próximas y urgentes para consolidar negocios serios y prósperos.

Y que al final, pero después de una concienzuda metodología y capacitación, sean las propias juventudes las que decidan qué hacer con su palabra y qué hacer con su creatividad.