Conocer «La Caja», la base de una estrategia de innovación.

Coppelia Yanez

7 / Ene / 2020

Cuando se habla de innovación y procesos creativos, es muy frecuente escuchar la metáfora “pensar fuera de la caja”. Esto claramente se refiere a buscar nuevas maneras de hacer las cosas, fuera de las dinámicas habituales, o los procedimientos que damos por hecho. Sin embargo, también es cierto que orientar la mirada en ese “fuera” hace que muchas iniciativas pasen por alto, demeriten o traten de omitir lo que cualquier organización ya sabe hacer.

De esta manera, se pierde de vista que parte del balance de innovar implica la mirada al futuro, pero también el conocimiento claro de lo que ya se domina, cómo se ejecuta y qué se ha aprendido a lo largo del tiempo. Un concepto que hay que rescatar también para lograr que la innovación sea parte de un proceso que dure y no solo una serie de iniciativas aisladas, es crear lo que se conoce como “organizaciones inteligentes”, con capacidad de aprender de sí mismas y de todos sus miembros.

Lograr esto depende de considerar que la creatividad e innovación son procesos que no solo dependen de investigación y desarrollo, de mercadotecnia, de producción o de dirección general, sino que dependen de impulsar una cultura organizacional en donde todos los miembros de la compañía puedan aportar su experiencia y conocimientos, generar visión compartida y comprender de dónde vienen y hacia dónde van.

La dificultad no está solamente en crear ese tipo de cultura, sino en lograr la conservación de los conocimientos creados: ¿Estamos seguros de tener claro de qué manera se realizan los procesos?. La respuesta no está solo en la documentación y creación de metodologías sistematizadas, sino también en la dificultad de articular los conocimientos tácitos que se generan y de implementar adecuadamente e introyectar a nivel individual los conocimientos explícitos que se comparten. Si un sistema de apoyo a la innovación, se establece solamente como una decisión de la dirección, para ser implementada a través de cambios de políticas de recursos humanos y procedimientos varios, faltaría que todas las personas involucradas se apropien de dichos cambios; pero, aún más importante, habría que detectar si ese rediseño tomó en cuenta la forma en la que la gente que conforma la organización ha aprendido a ejecutar y resolver problemas a lo largo del tiempo: ese conocimiento generado (habitualmente implícito y que se comunica solamente a través de la experiencia compartida) es uno de los activos valiosos que también puede dar pie a encontrar nuevos procesos, soluciones y productos.

De ahí el título de este texto: no solo queremos salirnos de la caja, también queremos conocerla a detalle, entender su tamaño, su forma, los materiales de los que está hecha y por qué funciona así; en términos más profesionales, aprovechar el conocimiento y gestionarlo. A partir de dicha gestión del conocimiento, las empresas pueden detectar fortalezas y oportunidades más claras y adecuadas a su potencial, así como estar atentas a las posibles amenazas y hacerles frente a tiempo. Por supuesto, este no es un trabajo aislado, sino que debería de implicar a todos los niveles y áreas de la organización, con una escucha activa y abierta ante las perspectivas de todos. Es un reto, pero los resultados siempre valdrán la pena.