La globalización se puede referir como a un fenómeno social reciente en el que se intensifican las relaciones entre las naciones yendo más allá de las fronteras nacionales. Esto implica una reducción o eliminación de las barreras tradicionales que limitaban estas interconexiones. Sin duda, la globalización ha sido un motor importante para el desarrollo económico de la mayoría de las naciones en los últimos 50 años.
Sin embargo, no todo en la globalización es positivo y mucho se ha hablado de sus límites e inconvenientes. Por ejemplo, para McGrew (1992), la globalización implica el movimiento de “bienes, capital, gente, conocimiento, imágenes, crimen, contaminantes, drogas, modas y creencias que todas ellas fluyen libremente a través de los límites territoriales” (p.65). Para que todos estos elementos puedan fluir libremente a través de las naciones, los controles nacionales tienen que ser limitados y muchas veces eliminados. De la misma manera, los medios y canales de comunicación se volvieron más eficientes, haciendo la diseminación de estos elementos de manera prácticamente instantánea.
La situación actual provocada por la pandemia del SARS-COVID-19 declarada por la OMS el 11 de marzo de 2020, deja en claro que las condiciones generadas por y para la globalización han puesto a la mayoría de las naciones en una situación de vulnerabilidad sanitaria. Con un virus que no se limita a ciertos territorios porque el libre movimiento rápido de bienes y personas hace que limitar su propagación sea prácticamente imposible.
Se ha visto como naciones han llegado a cerrar sus fronteras a actividades no esenciales con el fin de poder proteger a su población de este virus. Y este es precisamente el dilema con el que los gobiernos se están ya enfrentando: ¿Qué tanto pueden mis fronteras permanecer abiertas corriendo el riesgo de volver a ser afectado por un fenómeno global o qué tanto mi economía puede ser autosuficiente y depender menos de otras naciones?
La respuesta lo más probable es que caiga en algún punto intermedio dependiendo de factores propios de cada país como su infraestructura de salud, su economía, su influencia geopolítica, etc. Habrá países que estén mejores preparados y que corran menos riesgos al tener menos controles a bienes y personas. Otros tendrán que optar por una visión más radical y volver a una visión más nacionalista.
De lo que se puede estar seguro es que esta pandemia dejó en evidencia algunas de las debilidades del modelo global basado en el movimiento libre de bienes y personas. A la vez, se sabe que una cantidad importante de países empezarán a voltear más hacia ellos mismos y no hacia afuera como se hacía antes. Este es el caso del Brexit en el Reino Unido, y seguramente se verán otros ejemplos en el futuro próximo, animados por la idea de protección en contra de las amenazas globales como la pandemia que hoy se vive. (Referencia: McGrew, A. G., P. G. Lewis et al. (1992) Global Politics. Globalization and the Nation-State, Cambridge: Polity.)

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