El peso de la confianza en los patrones de consumismo.

Yoani Rodríguez

18 / Oct / 2019

En nuestros días la expectativa sobre las marcas que consumimos, está fuertemente afianzada con diversos valores que se relacionan con la confianza que nos genera la compañía que está detrás del producto o servicio que consumimos, a tal grado, que, si la compañía falla, el consumidor deja de comprar el producto, aunque éste no le haya fallado. Y es que, en los últimos años, se ha transformado la visión del consumidor debido a la destrucción progresiva de la confianza en las instituciones sociales y gubernamentales, siendo desplazada en la mayor parte del mundo, por la confianza en los pares, a través de las plataformas globales que forman las redes sociales y sorprendentemente, en gran parte del mundo, las empresas han ganado terreno en la confianza que se tiene en ellas, como motor de cambios sociales y económicos. En el caso de nuestro país, desde hace quince años, consulta Mitofsky mide la confianza ciudadana en las instituciones, los últimos resultados emitidos el año pasado, señalan que la institución más confiable para los ciudadanos de nuestro país es la universidad, incluso, por encima de las redes sociales y los medios de comunicación.

De ahí, que la validación de las promesas de una marca, por medio de investigaciones avaladas por una universidad de prestigio, aumentan la confianza del consumidor sobre el producto y sobre la empresa que lo produce. Recientemente, se publicaron, en el informe especial del barómetro Edelman Trust 2019: In Brands We Trust? datos muy interesantes, que indican el impacto que tiene en las personas la reputación de una compañía para determinar el consumo de sus productos, superando incluso elementos como la calidad del producto y la experiencia del cliente.

Ya que ahora, el consumidor cuestiona si la compañía, protegerá sus datos y privacidad, si usará la automatización de manera responsable, si lo que dice es la verdad, si muestra compromiso social, si es afín a los valores del consumidor, etcétera.. En un estudio aplicado en más de 8 países, con diversas muestras, se encontró que el 69% de los consumidores, quiere que las marcas expresen sus valores y se involucren en problemas sociales de manera responsable, pero no aprovechen estas acciones como parte de sus campañas de marketing, ya que el 56% de las personas considera que entonces, la preocupación no es auténtica. Solo el 21% dice saber, por experiencia personal, que las marcas que utiliza tienen en cuenta los mejores intereses de la sociedad. Más del 70% de los consumidores maneja conceptos propios de la jerga corporativa para explicar su modo de consumo, y basa su confianza en comprar marcas de compañías, que son responsables con todos los eslabones de la cadena de suministro, que tienen mecanismos que cuidan el impacto ambiental, y que su reputación y valores, son validados por los clientes públicamente, a través de las redes sociales.

El 63% de los encuestados, expresó confiar más en lo que dicen sobre las marcas los influencers, que en la publicidad de la marca. De hecho, ha sido tanta la pérdida de confianza en las instituciones gubernamentales, que 77% de las personas encuestadas, opina que una empresa, puede poner en marcha acciones que mejoren las condiciones económicas y sociales de la comunidad en la que opera, con mayor efectividad que el propio gobierno. Las marcas más confiables y recompensadas de la actualidad, marcan la diferencia en la vida de los consumidores y en la sociedad que les importa. En conclusión, para ganar los niveles más altos de confianza del consumidor, las marcas deben respaldar su promesa de marca con acciones que mejoren socialmente el entorno en el que existen.