La dicotomía de la Innovación.

Porfirio Santaella

9 / Dic / 2019

En los seres humanos, existe una tendencia general por preferir el placer y lo ventajoso en primer lugar, calificando como indeseable a lo desagradable e incómodo. Aquellas personas que buscan la exclusividad de un solo lado de la vida (elijo lo positivo sobre lo negativo o elijo lo negativo sobre lo positivo) se refugian en un mundo ilusorio, pues se resisten a aceptar su dicotomía y sufren por doble cuenta debido a la evasión y anulación del concepto opuesto.

Los innovadores más importantes de la historia fueron sensibles y experimentaron lo desventajoso de su situación (accidental e intencional) y realizaron en consecuencia invenciones en miles de versiones, hasta crear soluciones efectivas y duraderas a los problemas de la humanidad. Al hacerlo utilizaron un matiz de la innovación: “Romper con el pasado”, es decir, partieron de la premisa negativa prevaleciente y con su aportación la convirtieron en su aspecto positivo. En esta conversión los clientes, consumidores o afectados sintieron bienestar y comodidad, derivando en la usabilidad y apropiación de los bienes o servicios generados por el innovador.

Los innovadores al efectuar sus intentos con el propósito de brindar soluciones valiosas, se sintieron inadecuados, ridículos, incapaces, fuera de lugar, apenados, sintieron vergüenza de mostrar sus aportaciones y dolor al momento de recibir críticas por sus creaciones. Si te has sentido así alguna vez, vas por buen camino, recuerda que ningún mar en calma hizo experto a un marinero. El innovador hace de su propia desventaja una ventaja, transforma el mundo de las percepciones (de desagradable a agradable, de insignificante a grandioso).

El papel del innovador recae en asumir ambos extremos de la vida: es conservador y arriesgado, ayuda a los demás pero también requiere apoyo, es racional tanto como emocional, es empático pero pone límites claros a los demás, es materialista y espiritual, es hiperactivo cuando es necesario y paciente cuando hay que meditar las cosas, es analítico al mismo tiempo que intuitivo, trabaja en equipo y algunas veces se aísla, en ocasiones está motivado y al otro día pierde la fe, es rebelde y si la ocasión lo amerita sigue lo prestablecido, sabe que debe controlar parte del proceso y reconoce que un cierto grado de ambigüedad es sano y promueve la innovación.

Dicho de otra manera el innovador integra en una misma corriente ideas, materiales, invenciones, opiniones, visiones, hasta talentos y unifica conocimientos aparentemente no relacionados entre sí.

Un cliente por el contrario, siempre tratará de ubicarse en un solo lado de la polaridad, buscará productos o servicios que solamente le generen comodidad, agrado, calidez, bienestar, rapidez, felicidad, confianza, tranquilidad, saciedad, respaldo, etc. Los clientes de acuerdo con su perfil querrán verse libres, independientes, fuertes, importantes, generosos, intelectuales, buenos, atractivos, exitosos, influyentes, actuales, poderosos, realizados, inteligentes, seguros, aceptados, amados y todo lo que ellos consideren una imagen y meta deseable. Los clientes evitarán a toda costa caer en su extremo opuesto. En esto radica la labor y la comprensión de un emprendedor frente a las necesidades reales o imaginarias de su cliente y surge la oportunidad de la innovación y la co-creación.

Un emprendedor innovador, experimenta conscientemente el dolor y el placer, le abre los brazos a la vida y disfruta de la realidad, ya que pagando el precio de vivir en la realidad “lo que es” puede promover “lo que puede ser” y así, construir nuevos y mejores escenarios.

Porfirio de Jesús Santiago Santaella

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