Los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Empresa

Yoani Rodríguez

12 / Jun / 2019

En el 2015, los estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) establecieron la agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, como el nuevo plan de acción que enlistaba las prioridades internacionales, para asumir una mayor responsabilidad que asegure el progreso social y económico sostenible en todo el mundo poniendo en el centro mejorar la vida de las personas y sostenibilidad del planeta.

Entre los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), se distingue un llamado particular al involucramiento del sector privado, como socio clave para el aprovechamiento de la oportunidad histórica que la nueva agenda plantea.

Particularmente, un resultado esperado del logro de los ODS será la consecución de un entorno caracterizado por sistemas financieros transparentes, mercados estables, regulados y competitivos, instituciones con gobernanza y sin corrupción, empleados cualificados y consumidores con poder adquisitivo, este ambicioso resultado requiere de la participación del sector productivo.

Dos de los ODS directamente vinculados a la empresa son el ODS 8: “trabajo decente y crecimiento económico” y el ODS 9: “industria, innovación e infraestructura”, ambos persiguen promover el acceso generalizado al trabajo digno, con políticas que favorezcan el empleo de calidad, entendido en términos de bienestar, igualdad, estabilidad, así como el establecimiento de criterios de redistribución de la riqueza y las oportunidades que supongan la protección de los colectivos con mayor vulnerabilidad.

Lo anterior considera que la empresa es el punto de partida del siguiente círculo virtuoso, que generará crecimiento económico iniciando con la creación de empleo, se aumentan los ingresos de la población, lo cual genera capacidad adquisitiva y con ello el pago de impuestos mismos que mejoran las infraestructuras que resultan en un incremento la calidad de vida de la población y disminuyen las desigualdades sociales.

La novedad en los elementos de este círculo virtuoso radica en que todos deben estar permeados bajo del concepto de sostenibilidad, lo cual implica evolucionar el modelo de negocio hacia una economía circular, que tiene como núcleo animar e impulsar un comportamiento responsable, tanto en la tutela de las personas que laboran en las empresas, así como en el reducir el consumo de recursos y la generación de residuos dañinos al medio ambiente.

En el primero de los términos, el modelo hace de la responsabilidad de la empresa, la promoción de hábitos de saludables y seguros entre sus empleados, tanto física como emocionalmente, creando las condiciones y ambiente necesarios para una vida sana, de igual modo, la empresa deberá proveer de capacitación a su personal, tanto es aspectos técnicos vinculados a sus labores, como aspectos de formación ciudadana; y finalmente, asumir la responsabilidad de establecer políticas de igualdad e integración laboral de personas en riesgo de exclusión social.

En el segundo de los términos, las empresas deberán invertir en energías renovables, sistemas de reciclado, gestión de ecosistemas y recursos, buscando ser “ecoempresas” que mejoren la eficiencia energética en sus procesos, reduzcan el consumo de recursos no renovables y la contaminación.

Desde el surgimiento de la Responsabilidad Social en el ámbito empresarial, hace algunas décadas, se han dado pasos de sensibilización sobre el peso que el sector privado tiene para erradicar la pobreza y crear oportunidades de desarrollo para transformar el mundo.

Si bien la generación y el pacto mundial para la ejecución de los ODS, son un paso importante en la sostenibilidad del planeta y la mejora de la calidad de vida, solo el compromiso que cada persona, comunidad, empresa y sector, asuma, impactará de manera real en un cambio global.

*Para conocer más del tema, se recomienda revisar documentos del Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD)