Seguramente es un término que ya has escuchado, y del cual estás un poco familiarizada; y si no, te invito a que puedas leer, buscar y escuchar lo que tienen que decir de él. En pocas palabras es la hermandad, alianza y agregaría la solidaridad entre mujeres. Y si te pones a analizarlo, esa ha estado desde tiempos ancestrales, cuando sólo podían hablar de lo que les pasaba con otras mujeres, el amor, el trabajo, el estudio o las injusticias sólo era entendido con alguien que sentía lo mismo. Revisa tu historia, la de tus mujeres, pregunta acerca de tu abuela, de tu bisabuela, tatarabuela, tías y todas las mujeres que son parte de tu linaje femenino, tal vez puedas entender mucho acerca de ti, acerca de tu propia historia, de tus creencias que te permiten avanzar, crecer y querer lograr lo que te propongas, pero sobre todo en aquellas que son una limitación, aquellas creencias y pensamientos que sin darte cuenta también guían tu vida, y te detienen, te colocan en situaciones a veces peligrosas, en aquellas que no permiten que alces la voz, que luches por tus sueños, y donde tú te colocas en último lugar. Porque nuestra historia, la tuya, la mía y la de muchas otras mujeres no es tan diferente, somos mujeres a las que nos han enseñado a maternar, a cuidar más del otro que de nosotras mismas, donde no se ve el trabajo de casa, de cuidados y de crianza, se ve el trabajo remunerado y el económico; y si tuvieron que trabajar para ser el sostén, fueron juzgadas por abandonar a los hijos, por no darles tiempo y cuidado; y si decidieron volver a tener pareja, les arrebataban a los primeros hijos, o eran duramente juzgadas; o si se decidía quedarse soltera y no tener hijos, era apodada solterona, entre otras cosas. Sea cual sea la historia de tus ancestros, pon especial atención, reconoce y registra cuáles fueron aquellas conductas de maternaje que has aprendido y hoy replicas con tu pareja, con los hijos de tu pareja, con tus amistades, con tus hermanos. Hoy quisiera que pudieras hacerte consciente de aquellas conductas que fueron aprendidas y te detienen en alguna parte de tu vida, en la económica, laboral, profesional, personal, amorosa, de crianza. Quisiera poder ayudarte con estas letras a que te mires, te cuides y puedas hacer con tu vida algo mejor y diferente a lo que tus ancestros hicieron. Te quiero invitar a que podamos aprender a sororar, a cuidar de nosotras, de todas, desde lo que haces, desde el lugar donde estas, desde tus vivencias. Que compartas y te atrevas a hablar de lo que sientes y piensas, sobre todo de esos sentimientos y pensamientos que te dan culpa, vergüenza o temor. Y que te atrevas a dejarlo salir, para que tu cuerpo no sea quien tenga que hablar de ellos con alguna enfermedad o síntoma. Y así descubrir que no eres la única que los piensa, los siente, y que la cura no es el silencio, siempre será dar voz. Da sonido a lo que está siendo injusto, a lo que no te gusta, a lo que no quieres para ti, y cuando puedas también acompaña, escucha, aliánzate y solidarízate con otra mujer. Intenta no juzgar a otra mujer por su forma de vestir, de relacionarse, de vivir, muchas de las cosas que te hacen pensar negativamente de ellas tiene que ver también con esas frases y pensamientos que escuchaste alguna vez de alguien cercano a tí; respetar es otra forma de estar. Aprendamos a sororar honrando nuestras diferencias, porque este mundo necesita de ti y de mí juntas. Este texto está pensado en todas esas mujeres que están sufriendo algún tipo de violencia en silencio, y en especial está pensado en ti, Ingrid, de esta forma honro tu vida y tu muerte.

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